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PRELUDIO:

"Paraíso perdido"

El planeta Exelia es un mundo errante, hoy atrapado en la órbita de una pequeña estrella ubicada en el centro del Ultima Segmentum. Al este galáctico del sistema Hexos, y al norte galáctico del sistema Kar Duniash.

Aunque fácilmente considerado como un planeta más en una galaxia plagada de otros tantos y cruciales campos de batalla, la realidad es que Exelia posee una importancia inconmensurable para muchos; y por muy diversas razones.

Sus primeros habitantes fueron los Aledari, quienes, gracias a sus enormes poderes e inigualable tecnología, hicieron de lo que alguna vez fue una miserable roca inerte, un mundo cargado de vida y esplendor. Esto, mediante la creación de colosales y complejas maquinarias con las cuales pudieron dotar a este planeta de una atmósfera independiente. Una atmósfera capaz de mantener y preservar una biósfera diversa y estable, sin la necesidad de una estrella fija que le alimentare de radiación, de luz, ni de calor. Así, bajo el cuidado atento de los Aledari, Exelia se convirtió en una joya incandescente dentro de una fría y oscura galaxia. Un símbolo de su dominio de todo el universo.

El control de este paraíso, sin embargo, no duraría mucho. El planeta pronto caería en las manos de sus grandes enemigos, los Necrontyr.

La guerra entre estas antiguas civilizaciones no tardó en alcanzar a Exelia. Interminables legiones de estos guerreros de metal libraron cruentas batallas contra los Aeldari por toda la superficie de este paraíso de vida y tecnología. Finalmente, y al ocaso de su campaña de conquista, los Necrontyr logaron arrancar el planeta de las manos de los Aeldari, para la gloria de todas las dinastías. Ello, para luego desacrarlo, en un gran acto de castigo, insulto y ofensa hacia estos siervos de los Antiguos por su audacia y tenacidad.

En anticipación al gran sueño que vendría, los Necrones crearon una poderosa necrópolis en las profundas entrañas del planeta que los Aledari tanto habían sacrificado por proteger. Un lugar dotado de fuertes defensas, y desde donde poder llevar a cabo la larga espera hasta la época en que nuevamente habrían de despertar para gobernar la galaxia.

Los Aledari, por su parte, viendo en el entramado del destino que la conquista de Exelia no necesariamente significaría la pérdida de este hermoso paraíso para siempre, tramaron sus planes para recuperar el planeta. Retrocediendo a la telaraña, los grandes videntes de la raza predilecta de los Antiguos trazaron el sendero que Exelia habría de recorrer por milenios venideros, y fijaron el momento en el futuro distante en que habrían de regresar para reclamar su legado de las manos de los Necrones.

El tiempo transcurrió implacable. Con este mundo regenerándose de la guerra llevada sobre su superficie. Viajando así por la galaxia por miles de años. Siempre bajo la mirada atenta de los Aeldari, y siempre trayendo consigo la furia durmiente de los Necrones.

Eventualmente, una nueva civilización llegaría para tomar el mundo errante de Exelia como propio: El imperio de la humanidad.

En el trigésimo séptimo milenio, y durante la Era de la Redención, el ser humano fue bendecido con la llegada de Exelia a la órbita de una pequeña estrella en el centro del Ultima Segmentum. El planeta jardín pasó a convertirse en el segundo mundo de lo que hasta entonces había sido un sistema mono-planetario y feudal, carente de mayor significado o importancia.

La colonización de este paradisiaco mundo no se hizo esperar, y el cambio en la región se sintió casi de inmediato. Sus jardines y palacios fueron tomados por los gobernantes de los sistemas vecinos, para ser usados como hogares de sagrado recogimiento y descanso. Las constantes peregrinaciones al lugar fueron convirtiendo a Exelia en un símbolo de la gloria y majestad del Imperio de la Humanidad, aún en los más recónditos lugares de la galaxia. Su presencia en el sector se convirtió en un verdadero símbolo del poder del Dios Emperador.

Mientras tanto, el antiguo y precario planeta Humilis Mortem, que hasta entonces había sido la única colonia humana en el sistema, paso a ser reconvertido de un pequeño mundo feudal a una sobrepoblada colonia industrial. Con sus fábricas puestas al servicio de Exelia, para proveerle de los recursos necesarios para proliferar en medio de una región tan alejada de la sagrada Terra.

Lamentablemente, si bien este sistema pudo gozar de más de cuatro mil años de paz y prosperidad en el medio de constante conflicto, el dominio del hombre no duraría para siempre. Tal y como había sido para los Aeldari, la humanidad sufriría una catástrofe que le arrebataría este paraíso de las manos. La tragedia del Imperium, sin embargo, llegó no en la forma de una única fuerza de conquista, sino en la combinación de una crisis aún mayor, sumada la insidiosa labor de una civilización insospechada.

En efecto, con la llegada del cuadragésimo segundo milenio vino la caída de Cadia, la aparición de la Cicatrix Maledictum, y la división del Imperio de la Humanidad.  Exelia, atrapada en el nuevo Imperium Nihilus, y fuera del alcance de la luz del astronomicón, quedó expuesta a enemigos desde todos los frentes.

Los primeros en intentar tomar el planeta para sí fueron los guerreros de la llamada Quinta Esfera de Expansión. Flotas expedicionarias del Imperio T’au, recientemente arribadas por medio del Nexo de Marea Estelar. Lideradas por etéreos y maestros de la casta del fuego, quienes lograron una rápida y efectiva pacificación de Exelia tras haberla encontrado un blanco fácil; abandonada a su suerte y sin apoyo o auxilio de un Imperium ausente, atrapado en su propia burocracia. Los dogmas del Bien Superior encontraron a una población hambrienta de orden y auxilio en medio de la época más oscura jamás vivida en la historia de toda la humanidad.

Luego, tras sus talones, llegaron bestias mucho peores.

Primero, los engendros de la mente enjambre. Monstruos de la línea genética de la flota Kraken. Hambrientas criaturas atraídas a Exelia por la promesa de un mundo fértil en medio de un cúmulo de sistemas chamuscados y devastados.

La suma de las fuerzas de la Quinta Esfera de Expansión, y de los regimientos de Defensa Planetaria de la propia Exelia, lograrían repeler a la invasión Tiránida, empujándola hacia Humilis Mortem y forzándola a la retirada.

Luego de esta victoria, vendrían los virulentos Gue’ron’sha de la Guardia de la Muerte. Implacables en su persecución de las fuerzas del Bien Superior desde el Nexo de Marea Estelar. Guerreros quienes, cual bestia que ha probado de la sangre de su presa predilecta y ahora se niega a dejarla escapar, les habrían seguido el rastro a través de la galaxia.

Con enorme esfuerzo las tropas sobrevivientes del Imperio T’au, apoyadas por nuevos refuerzos y las múltiples tropas auxiliares tomadas de entre los habitantes de Exelia, lograrían repeler a la Guardia de la Muerte también. Forzándola a retroceder hasta el límite mismo del sistema.

Para su tragedia, como si Exelia estuviera marcada por la calamidad, es que, luego de estos dos grandes conflictos, llegaría un tercero. El más terrible que los servidores del Bien Superior hubieran vivido en este pequeño sistema. El despertar de los Necrones, desde lo profundo de su necrópolis en el interior del planeta. Llamados a la lucha una vez más, a causa de la furia interminable de los conflictos vividos en la superficie.

Exelia es ahora una sombra de su antigua majestuosidad.

Entre las ruinas de sus palacios las fuerzas combinadas de T’au’va luchan por sobrevivir al enfrentamiento contra los Necrones. En el cercano mundo de Humilis Mortem el enjambre lame sus heridas mientras y espera su oportunidad para una revancha. En el exterior del sistema los siervos de Nurgle igualmente preparan un nuevo ataque para la conquista del paraíso. Sus líneas, sin embargo, son ahora el blanco de una nueva y santa cruzada del Imperio de la Humanidad, el cual ha regresado a través del corredor temporal de la gran rasgadura para recuperar lo que es suyo. Todo esto mientras que los videntes Aeldari se preparan, desde lo profundo de la telaraña, para el momento en que podrán cumplir el destino que han trazado hace ya miles de años.